arde galicia

Estimado señor alcalde de Carnota:

En medio del horror de fuego, pavesas y humo en que de nuevo se ha convertido Galicia, y más concretamente su hermoso concello, he podido escuchar sus declaraciones a los medios en el sentido de que los incendios intencionados debieran ser declarados “crímenes contra la humanidad”. Sus palabras fueron más valientes y también más atinadas y acordes a los tiempos que las de otros políticos gallegos a lo largo de estos días. Y no digamos ya comparadas con las de algún responsable del Gobierno central. Sepa que las hago mías- las suyas- tras solidarizarme con Galicia a la que me unen más que lazos familiares.

Ustedes, que ya conocieron por desgracia los efectos del rompimiento del petrolero Prestige y su mortal vertido a la costa, vuelven ahora a ser “castigados” de nuevo, más por la mano depredadora del hombre que por los propios elementos.

También entonces situar en los mares un buque en precario cargado de hidrocarburos a sabiendas de tal contingencia fue un auténtico crimen contra la humanidad. Permitir con indolencia que tal cosa ocurriera, manteniendo aún en Europa una legislación obsoleta y lenitiva, y gestionar su colapso con ineptitud debieran haber supuesto responsabilidades más que políticas, las que ni siquiera hubo.

En 1972 el premio Nobel de Medicina Konrad Lorenz escribía cómo “la Humanidad civilizada se encamina por sí sola hacia su ruina ecológica mientras asola, con obcecación y vandalismo la Naturaleza que le circunda y nutre. Tal vez reconozca sus errores cuando sienta por primera vez las secuelas económicas de tal actitud, pero entonces probablemente será demasiado tarde. La ruindad estética y ética de la civilización actual es imputable, en gran medida, al distanciamiento generalizado de la naturaleza viva…”

Es cierto que su propuesta recala exclusivamente en el ámbito punitivo. Pero así es nuestro sistema y así ocurre con el resto de delitos. Es lo que en medicina se llama tratamiento sintomático: se trata el síntoma, no las causas. Más que nada porque éstas se desconocen. Aunque tal vez se pudieran apuntar como concausas la proyección sobre lo inerme de comportamientos agresivos cada día más presentes en nuestras sociedades tan deshumanizadas por el estilo de vida; o, por qué no, el hecho ignorante de creer que en definitiva los recursos de la Naturaleza son inagotables.

Sin embargo y desgraciadamente, en medio de este “asolamiento del espacio vital” y presos de una enorme ceguera, resulta impensable hoy una reforma en nuestro ordenamiento jurídico que diera cobertura a su clarividente propuesta. Y hasta, por qué no decirlo, al establecimiento de una nueva jerarquía de valores que haga prevalecer el árbol sobre el hombre, pues que el orden natural parece indicar que nuestra desaparición como especie ha de producirse antes que la de los vegetales.

El pensamiento sofista, señor alcalde, “El hombre es la medida de todas las cosas” fue vertido en el siglo V antes de Cristo. Desde entonces quizá el hombre haya ido hacia atrás y sea en cambio hoy la desmedida de casi todo.

Reciba con mi apoyo un saludo.