BLOG DE VEIGA DO CANTO

A RUMBO DE COLISIÓN

Archive for the day “octubre 15, 2008”

LAS TRES CRISIS Y LA HISTORIA

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JUAN OLABARRíA AGRA

 

Las crisis financieras suelen ir precedidas por  un “exceso de inversión” en un  sector determinado de la economía (en nuestros días el ejemplo más evidente es la especulación  inmobiliaria). La razón para esta sobreinversión puede ser inicialmente la búsqueda de valores considerados seguros (una segunda casa), la ausencia de estímulos en otros sectores, el apremio de la inflación sobre nuestros ahorros o la oferta  masiva de préstamos a muy bajas tasas de interés. Por otra parte la tendencia generalizada a invertir en un tipo determinado de bienes  garantiza su revalorización futura: siempre  estaré dispuesto  a adquirir algo por encima de su verdadero valor,  si sé que podré venderlo  aún más caro en un futuro próximo. Se entra así en una espiral especulativa autoinducida: cuantos más quieren comprar esas acciones, mayor es su valor y cuanto mayor es su valor más quieren comprarlas. Naturalmente se trata de una valoración artificial que sólo puede ser mantenida a corto o medio plazo.  Esta  situación se hace aún más precaria  y más peligrosa por  el “apalancamiento”, es decir por la tendencia a especular con dinero prestado. En los EEUU la locura especulativa ha alcanzado cotas máximas de riesgo en varios  aspectos: en primer lugar se ha especulado con hipotecas con un alto riesgo de impago,  en segundo lugar se ha recurrido al apalancamiento en una escala sin precedentes;  en tercer lugar los títulos hipotecarios han sido revendidos a través de una larguísima cadena, con el fin  de obtener más liquidez para seguir especulando mientras se transfiere a otros  buena parte del riesgo (no es algo nuevo: en el s. XVI lo hacían lo hacían en España los banqueros genoveses  revendiendo a los españoles títulos de la deuda de dudoso pago; la globalización es antigua). 

Cuando  aparece un dato económico negativo (como el alza de los precios del petróleo, o impago de las hipotecas), la tendencia especulativa se invierte de manera muy  brusca;  no tiene lugar una lenta retirada de los capitales, sino una estampida en la casi todos quieren  vender; es  mejor tener dinero líquido que acciones invendibles; se trata de  la súbita  “preferencia por la liquidez” de la que habló Galbraith para referirse a la crisis de la bolsa en 1929. Cuando suena la hora de la liquidez, aparecen los acreedores, pero quedan defraudados: resulta que nadie puede pagar  y este hecho los convierte en insolventes a ellos mismos. La espiral de impagos y  quiebras afecta a los especuladores, a los que prestamistas hipotecarios, a los compradores en la reventa  de valores contaminados,  a las aseguradoras, a los compradores de pisos que valen  ahora bastante menos que sus hipotecas etc, etc.  Hoy  todas las instituciones de crédito  norteamericanas aparecen minadas o por la insolvencia real o por la desconfianza, factor psicológico de magnitud inconmensurable y de difícil recuperación. 

Pero, además hace meses que la crisis financiera se ha transmitido a la economía real y lo que ahora tenemos es ya  una depresión o crisis  del sector productivo; se caracteriza ésta por las continuas reducciones tanto de la producción como del consumo. Las malas expectativas inducen a reducir el consumo privado y, por tanto a la reducción de la demanda; por otra parte los empresarios, perjudicados por la paralización del crédito, disminuyen inversiones y reducen plantillas. Pero el aumento del paro vuelve a influir  negativamente sobre la demanda, lo que, de nuevo, desanima a los empresarios. Se desarrolla así una espiral autoinducida que conduce a la depresión cíclica  no sólo de la demanda, sino también de la producción. La conexión entre crisis financiera y crisis de la producción tiene un claro precedente  en la historia americana, cuando al crac financiero del  29 le siguió la larga depresión  del sector productivo en la década de los 30. Como observó el economista Keynes, el ciclo depresivo en la producción tenía  como causa primordial la insuficiencia de la demanda agravada por el empobrecimiento  y el paro generalizados; esta insuficiencia de la demanda (reflejada en la deflación)  sólo  podía ser remediada por un aumento del gasto público y del crédito  estatal.

La  crisis de los precios tuvo un claro precedente en los años 70, cuando la carestía  del petróleo hizo que la inflación  remontase hasta cotas alarmantes (en España se llegó al 27%),  lo cual imposibilitaba las anteriores actuaciones anticíclicas de los gobiernos, basadas  la expansión monetaria y en el aumento del gasto público. La  insólita coexistencia del estancamiento del  sector productivo y de la  inflación  fue bautizada con el nombre de “estanflación” y duró  más de 10 años. La salida de aquél ciclo depresivo 12 años después  estuvo marcada por la política económica anti-inflacionista,  el aumento de la productividad y  la utilización masiva del gas como fuente de energía.

Las tres crisis  históricamente conocidas (especulativa, productiva y de precios)  han reaparecido  juntas  desde julio del 2007. Las causas de la crisis especulativa actual están  en el  abaratamiento excesivo de los créditos y  en  la falta de controles de liquidez por parte del gobierno de los EEUU. Las presuntuosas memorias de  Alan Greenspan transparentan  una gestión pública      dogmáticamente “ neo -liberal”,  que ha incumplido su misión de control y que, para decirlo suavemente,   se ha mostrado muy reacia a indagar en  el delito financiero.  La crisis especulativa se ha internacionalizado a través de la venta de acciones americanas “envenenadas” y también por las tendencias especulativas en la propia Europa. Y ahora vienen a añadirse   la depresión del sector productivo y  la inflación asociada a la carestía energética.

 Enfrentarse a las 3 crisis (financiera, productiva y de precios) requerirá una difícil equilibrio en la política de los Estados, porque las estrategias que ayudan a aliviar la  crisis financiera y a impedir el hundimiento de la  demanda global, requieren un aumento de la  liquidez y del gasto público, dos medidas que estimulan la inflación  (si pagamos ahora) o el endeudamiento (si nos damos un plazo). Por fortuna la inflación  está siendo contenida debido a la depresión misma de nuestro sector productivo y al agotamiento de nuestra demanda (hasta los vendedores de petróleo se han dado cuenta de que no estamos para muchas alegrías).   Creo que, aprovechando  este  paréntesis en la subida  de  los precios, los gobiernos podrían dar   prioridad  a las dos mayores urgencias del momento: a la crisis financiera, aportando liquidez a los bancos,   y  a la crisis de la economía real, estimulando la demanda mediante el gasto público;  pues lo que afortunadamente nos separa de la crisis de 1929 es la capacidad de intervención del Estado.   Nadie puede saber cómo quedaremos  al salir de la crisis   o  cuanto velamen le quedará al barco cuando haya pasado la galerna financiera, pero al final habrá que abordar el problema de los precios, por una razón sencilla: los precios  afectan a nuestros costes y son un reflejo de nuestra productividad.  Es deseable que el modelo económico para España no siga siendo en el futuro  la mano de obra barata encadenada al ladrillo, ni la inundación de créditos a tasas de interés negativas, ni la extraordinaria dependencia energética.  Mejorar la productividad es mejorar en Educación, diversificar nuestras fuentes de energía, y  atenerse a una política crediticia responsable (evitando las tasas de interés demasiado bajas). Pero nada de esto es popular. En definitiva la opinión pública se ha visto tan sorprendida por la crisis  como las instituciones económicas.

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