BLOG DE VEIGA DO CANTO

A RUMBO DE COLISIÓN

EL MITO DE SÍSIFO


  

 SÍSIFO, Tiziano 1548

Leo que un preso de la cárcel pontevedresa de la Lama, que cumplía condena por amenazas a su ex mujer, ha matado durante un permiso carcelario a su actual novia, quien había intercedido ante el director de la prisión, donde estaba interno, para que se lo concedieran.

La noticia en sí me sugiere dos reflexiones en verdad encontradas. Una de ellas me llevaría a decir  algo así como que es tanto en la Abstención responsable, que ya de por sí descalifica al propio Sistema  de Partidos, como en el voto no menos sopesado, donde  debiera residir esa capacidad para  obligar, no tanto a los jueces, cuanto al Legislador, a una mayor seriedad en el tratamiento del Código Penal Español, el que aún hoy con sus reformas  sigue siendo de descaro y rayano en la frivolidad. En el voto, esa papeleta que termina por conferir  a los electos patente de corso para perpetrar un esquema de leyes como el que actualmente se despliega en España, debiera estar sin duda el poder de los ciudadanos que aún creen en la cosa para invertir un Sistema Jurídico auténticamente claudicante. En la abstención, el aldabonazo para poner coto a tantas cosas inconcebibles incurridas por una casta- los políticos- que sigue fuera de la realidad. En cualquier caso, siempre en los ciudadanos.

Otra bien distinta estaría en una lectura del ensayo que sobre el mito de Sísifo elaboró  el escritor existencialista francés Albert Camus, y en volver de nuevo a recordar en síntesis la mitología del personaje:

“En la mitología griega, Sísifo  fue fundador y rey de Éfira (nombre antiguo de Corinto), promotor de la navegación y el comercio, pero también avaro y mentiroso. Recurrió a medios ilícitos, entre los que se contaba el asesinato de viajeros y caminantes, para incrementar su riqueza. Desde los tiempos de Homero, Sísifo tuvo fama de ser el más astuto de los hombres. Cuando Tánatos [la muerte] fue a buscarlo, Sísifo le puso grilletes, por lo que nadie murió hasta que Ares[la violencia] vino, liberó a Tánatos, y puso a Sísifo bajo su custodia[…]

Pero Sísifo aún no había agotado todos sus recursos: antes de morir le dijo a su esposa que cuando él se marchase no ofreciera el sacrificio habitual a los muertos, así que en el infierno se quejó de que su esposa no estaba cumpliendo con sus deberes, y convenció a Hades[el dios de los muertos] para que le permitiese volver al mundo superior y así disuadirla. Pero cuando estuvo de nuevo en Corinto, rehusó volver de forma alguna al inframundo, hasta que allí fue devuelto a la fuerza por Hermes[el dios del ingenio]. Ya en el infierno Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio. El motivo de este castigo, aunque no mencionado por Homero, fue  según algunos que había revelado los designios de los dioses a los mortales. De acuerdo con otros, se debió a su hábito de atacar y asesinar viajeros. También se dice que aún después de viejo y ciego seguiría con su castigo[…]”

A pesar de ello, y según Camus, Sísifo experimenta la libertad durante un breve instante, y es cuando ha terminado de empujar el peñasco y aún no tiene que comenzar de nuevo abajo a subirlo. Un corto periodo de tiempo, el de cada descenso hecho con alegría, el de tormento trocado en victoria. La salvación de su destino suicida, como alternativa a lo absurdo de su existencia.

El significado de la noticia y su hecho repitiéndose una y otra vez, entre manifestaciones, concentraciones y proclamas diversas, entre reformas legales y vigilancias penitenciarias, donde la reacción popular a cada crimen da inmediatamente paso a la ejecución del siguiente y tras cada respuesta social, vuelta irremisiblemente a comenzar de nuevo, ¿no es quizá una moderna representación del Mito de Sísifo?; ¿no es en definitiva la trágica cadencia de toda nuestra vida? La vana esperanza de que las cosas sin solución pueden hallar remedio, de que la ensoñación de hoy sea realidad mañana, ¿no es esa rara añagaza que consigo mismo el ser humano despliega para evadirse a la idea letal que le persigue de por vida?¿Qué es ello sino la bajada por la ladera con la piedra que se debe volver a subir cada vez tras una fulgurante satisfacción de nihilismo vital?

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