LAS RECOMENDACIONES DEL GOBIERNO
Con la firma del FROM – que según la pagina del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, al que pertenece, viene siendo “El Fondo de Regulación y Organización del Mercado de los Productos de la Pesca y Cultivos Marinos- , al “Gobierno de España”, y a falta de mejor cosa, se le ha ocurrido esa campaña de “racionalización” de la mesa para las “familias” españolas, que consiste en recomendar el consumo de pescado congelado, en una dieta que por lo visto hará bombear en nuestro sistema cardiovascular una pléyade de ácidos grasos omegas, así como todo tipo de sales minerales e incontables oligoelementos, tan necesarios todos ellos para una dieta “equilibrada y cardiosaludable”; a la par- y todo hay que decirlo- que aliviará nuestras economías en estos tiempos que se anuncian tan paupérrimos. Y es que no en vano el organismo en cuestión “…centra sus actividades en el diseño y desarrollo de acciones encaminadas a promocionar el consumo de productos pesqueros, orientar el mercado de estos productos en cuanto a cantidades, precios y calidades, y asistir en sus necesidades técnicas o financieras a asociaciones, cooperativas y empresas del sector…”
El año pasado por estas fechas de Navidad, se sacaron de la manga- las gentes de este Gobierno que por entonces aún no era “de España”, -aquello del conejo, que les quedó como muy bien, y que sirvió sobre todo para que pasásemos las fiestas haciendo chistecillos fáciles. Aunque, como ya digo, el asunto lo suscribe el tal “Fondo”, para mí que este tipo de campañas- ésta no es la única que podemos ver y oír estos días -llevan el marchamo de La Moncloa, con los más de seiscientos asesores de que dispone Presidencia del Gobierno, y con la necesidad de darles ocupación a todos ellos, aplicando ese “paradigma” de organización de Recursos Humanos que consiste en “tengo seiscientos tíos y ahora a ver qué trabajo les doy”, empresa mucho más difícil que “tengo trabajo para seiscientas personas y ahora voy y las contrato”. Dicho de otra manera, “cómo inventarse el trabajo para un montón de gente a golpe de ocurrencias”. Porque ocurrencia es rescatar de lo más añejo de la Dictadura aquellas primeras campañas de promoción del consumo de pescado congelado que por entonces abanderaba la Comisaría de Abastecimientos y Transportes, o algo por el estilo. Pero ya dijo el clásico que sólo hay una cosa peor que no hacer nada; y es hacer algo que no sirva para nada. Al cabo de tantos años y hermanados los tiempos en la escasez, vuelven por donde solían, con mucho menos talento y seguro que peores resultados.
Al margen de los gustos de cada cual y de las economías de cada quien, a mí esto de que me digan a cada momento lo que tengo que comer y beber- entre otras recomendaciones con las que nos obsequian últimamente-, para que al fin termine por morir lleno de salud es que me saca de quicio; dicho sea aparte de que el pescado congelado no sea santo de mi devoción: aunque posee tantas “virtudes”, según los expertos, que hasta puede resultar taumatúrgico, resulta tan insípido que carece así de uno de los fundamentos de la comida para los seres vivos. Y es que las temperaturas del congelador, aunque según el FROM retengan todas las propiedades nutritivas del mundo, no le confieren a la merluza la naturaleza de delicia del mar que tiene por ejemplo la del pincho pescada en el Cantábrico, con los mismos omegas me imagino que la congelada, aunque con el gusto que sólo puede dar el mar en tiempo real.

