Daba lo mismo que a una suficiente mayoría del cuerpo electoral español le hubiesen interesado otros temas no menos importantes- incluso yo digo más- que los tratados con doblete en televisión por los contendientes electorales de los dos principales partidos que van a dirimir sus diferencias en las próximas Elecciones Generales. Porque, seamos sinceros: ¿hubiera podido el candidato Rajoy, en primer lugar, plantear en los dos “debates” televisivos la situación actual de la Justicia Española después de haber pasado de puntillas por la Ley Orgánica del Poder Judicial del 85 durante los ocho años de gobierno “popular”, y de haberla machihembrado con el PSOE en el Pacto de Estado por la Justicia del 2003, haciendo ambas formaciones de “enterradores” de Montesquieu y su división de poderes? Y en segundo lugar, aparte del asunto de la negociación con ETA, ¿qué discurso le quedaba al PP en relación con los nacionalismos catalán y vasco, y sus ínfulas “nacionales”, de no ser el de ocultar bajo la alfombra del “debate” la posibilidad de un seguro pacto con los nacionalistas – lo mismo que su principal adversario político- , si las “razones de Estado” y una exigua mayoría así lo demandan? A la primera pregunta, la respuesta es no; y a la segunda, ninguno. Así que los dos candidatos se esforzaron en conectar con el elector en aquellos temas que los estados mayores de los dos partidos- o sea, ellos mismos- pactaron sacar a la luz en medio de esta farsa. En todo caso era harto difícil para el señor Rajoy la tarea de contrarrestar el babilismo del actual Presidente del Gobierno: esa jerga de los políticos posmodernos que consiste en una pasión por hablar en público sin decir nada con sentido común. El término fue acuñado ya hace tiempo, y cosechó muy buenos resultados no sólo en la política española sobre todo después del 78, sino en tertulias de radio y televisión entre toda suerte de oradores de ocasión a partir de entonces. Convertido por Cantinflas en oficio, y por el tándem Isbert–Morán en arte con los discursos memorables desde el balcón del ayuntamiento en “Bienvenido míster Marshall”, fue perfeccionado entre otros por el ministro de Franco, José Solís Ruiz en la etapa del Movimiento Nacional, por Adolfo Suárez con su “puedo prometer y prometo” en los primeros años de la Transición, y alcanzó solera con el incomparable Felipe González, quien lo llevaba a la excelencia cuando, tras largarle a su interlocutor aquello de “déjeme que le diga una cosa”, le bombardeaba con un montón de “voces inconexas atadas con rosarios de partículas causales” (G. Trevijano).
Mas nada comparado con el discurso del actual Presidente del Gobierno, y candidato hoy a la Presidencia, quien ha elevado con superchería la realidad a lo intangible, convirtiendo en inútil cualquier réplica intelectual basada en la lógica de lo real.
Ya lo había avisado Pepe Blanco horas antes del segundo “debate”: “vamos a un discurso en positivo”, o cómo esconder la vacuidad tras la supuesta magia del vocablo. Y el “debatiente” socialista no defraudó. Hubo un momento antológico cuando, parodiando a su maestro González, le espetó al “popular”: “voy a darle un dato”. Y se lo dio: la revalorización del suelo, merced, según él, a la Ley del 98 aprobada por el PP, había llegado al quinientos por cien. No importó que Rajoy argumentara que la Ley nunca había entrado en vigor- en realidad la citada Ley había encallado ante el Constitucional por mor de un recurso presentado al alimón entre el PSOE y Pujol- , pues ZP ya había elaborado su discurso falso e irreal contra el que nada servían las lógicas argumentaciones en contra. Y es que gran parte de la actual sociedad española ha hecho suyo este tipo de lenguaje vacío y estos discursos que salen de la boca sin pensar. Ante este estado de cosas, el líder del PP ensaya entonces el tratamiento a su contrincante con ese desdén no exento de vanidad que ha venido proclamando hasta la saciedad el requerimiento de ser “algo más que español y mayor de edad para llegar a Presidente del Gobierno”, – cuando hasta el momento- y dicho sea de paso- tal premisa de la actual Ley Electoral contó con la anuencia de quien ahora la denuncia – , o declarando con falsa modestia ser “algo leído”, apuntando, por encima de la presunción de las propias cualidades para el puesto, ese total desprecio por el adversario que tanto termina por perderle a don Mariano, cuya actitud de holgura requeriría del conocimiento a su vez de esos pequeños defectos que le convierten en un candidato vulnerable: ante la opinión pública, que le puede tildar de “listillo”, lo que por estos pagos no está nada bien visto; y ante sus oponentes, quienes conocen después de todo que su papel de “brillante” parlamentario con el que algunos comunicadores le honran no es sino el de lector más o menos destacado de grandes discursos en la Cámara Baja, que luego se diluyen en el tiempo; y que el estupendo equipo de asesores de campaña- el mismo de costumbre y con los mismos nombres del que dispone entre periodos electorales- ,que tanto le sirve para presumir al líder conservador, pasa por ser un grupo de colaboradores que parecen más bien elegidos para errar casi de continuo hasta cuando rectifican, como si estuvieran empeñados en empatar el partido o salir derrotados por la mínima.
Los nombres de algunas de esas “figuras” que, presas de incontinencia verbal y exceso de protagonismo, realizan proclamas que sólo sirven para rellenar los titulares de la prensa “enemiga” están en la mente de todos, no hace falta repetirlos, y parecen alfombrar, por más que el Presidente del Partido Popular se empeñe en lo contrario, la retirada que le espera a la formación de derechas en dirección a sus “cuarteles de invierno” de la calle Génova durante los próximos cuatro años.
ZAPATERO SE EMPACHA, RAJOY NO LLEGA
Marzo 5, 2009
VIRAJE
Marzo 1, 2009
POLÍTICA POLÍTICA Dejar un comentario
Antes tenían a Víctor Manuel y Ana Belén, cuando los referentes en los ya lejanos años ochenta se daban en la siniestra, y el personal se había quedado ciego viendo tantas cosas. Y es que la zurda apuntaba a la verdad que ansiaban, o más bien que creían ansiar; que eran al fin tiempos de conspiraciones para buscarla y de ilusiones para hallarla. Pero como en una nueva teoría heliocéntrica, otros focos adquieren derecho con el tiempo para que un nuevo punto de vista procure apoyo al compás: es el empezar a asomarse también a la ventana trasera desde la que tradicionalmente se veían los monstruos, y que por ello casi siempre estaba cerrada, y darse cuenta de que la vida puede adquirir ribetes de excentricidad (elipse), si no de péndulo, para entender nuevas perspectivas…: es el largo recorrido hacia el Liberalismo para los que, sin un claro pasado franquista, no necesitaban hacerse progres para homologarse.
Mas, ay, cuando los conducatores que como unos diosecillos emergentes llevan la palmatoria en el peregrinaje se quedan en el camino envueltos en sus mezquindades y hasta en sus impudencias: uno debe recurrir entonces a su propio reservorio para hacer la curva de evolución sin salirse de la derrota, sobre todo si está convencido de haber hallado el rumbo correcto.
