TIRAR CON PÓLVORA DEL REY
Es año de crisis, y por tanto Año de Juegos como en la Antigua Roma: el club juega un Campeonato de España de Fútbol. ¿Qué será esto si llega a ganarlo?
Es año de crisis, y por tanto Año de Juegos como en la Antigua Roma: el club juega un Campeonato de España de Fútbol. ¿Qué será esto si llega a ganarlo?
MELANCOLÍA
La vacua hostilidad y saturnina
que me invade en la hora más sombría,
no es otra cosa que melancolía,
dulce la sensación, queda y cansina.
Melancólico estoy, y es anodina
mi estancia, y el ciprés alto tendría
constancia de que muero en esta fría
mazmorra que en mi cuerpo me confina.
Amiga la tristeza que me embarga,
dichoso soy por ser tan desdichado,
pues llevo con humor tan dulce carga.
Puesto que lo que quiero me es negado,
mi estancia en este valle se hace larga,
y quiero, de la Orilla, el otro lado.
Soneto de Ramón Alzola
El dadaísta Jacques Ribaud condensó en una frase uno de los sentimientos más profundos del hecho melancólico: “No hay motivos para vivir pero tampoco los hay para morir”. Es el desdén por la vida y la inacción para no vivirla. Es cerrar los ojos y esperar vita minima un final incierto, acelerando a veces el camino ante la morbosa curiosidad por el precipicio, como pasión fulgurante ante la quietud. Es atisbar el límite de lo difuso, como quien tiene sin tener. Es regodearse en la propia tristeza y en el pico de placer que causa la muerte ajena en medio de esa debilidad del ego humano…
Bulle en estos versos el poeta, sumergido en su paradoja teresiana, mecido por lo existencial, flotando en el bálsamo de su agradable valle onírico; dichoso en el dolor de su bagaje: navegación alegórica para traspasar lo innombrable como experiencia, y volver desde la otra orilla, o desear quedarse allí, mas sin la nada, y sin pesar también, como liviano y descargado viajero de lo inmanente…Encuentro con el primer gran hallazgo que de la existencia dio la lírica griega hace ya dos mil seiscientos años en la pluma de Teognis de Megara:
«De todas las cosas la mejor es no haber nacido
ni ver como humano los rayos fugaces del sol,
y una vez nacido cruzar cuanto antes las puertas del Hades,
y yacer bajo una espesa capa de tierra tumbado».
Añoranzas de un irreconocible viaje que es sólo de ida, arrastrado por un obstinado tiempo que de lo efímero nos saca en ese vértigo insalvable que como epifonema del pesimismo da en el mortal hipérbaton de sus versos Francisco de Quevedo y Villegas:
“Ya no es ayer; mañana no ha llegado;
hoy pasa, y es, y fue, con movimiento
que a la muerte me lleva despeñado.”