LOS TRES ÓRDAGOS DE IBARRETXE

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31-2r-1c

Bajo el título “ El déficit del sistema de pensiones en Euskadi se dispara hasta 657 millones”, el diario “El Correo” de Bilbao publicaba hace días un artículo sobre la evolución de cotizaciones y prestaciones de la Seguridad Social a lo largo de los últimos siete años en el País Vasco, incidiendo además en un editorial en la “[…]tozuda realidad [que]pone en entredicho las posiciones mantenidas con reiteración por los ejecutivos nacionalistas y, en concreto, por los de Juan José Ibarretxe, que han insistido en que los desequilibrios existentes se corregirían si pudieran asumir la gestión y el control absoluto de la materia.[…]”

En este sentido es preciso decir que ya en el momento de presentar ante las Cortes Generales- quienes lo rechazaron en sesión del 1 de febrero de 2005- su “Propuesta de reforma de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi”, el señor Ibarretxe, su Gobierno y los partidos que lo sustentaban eran sabedores del saldo negativo que para Euskadi arrojaban las cuentas del Sistema Público de Previsión en el año 2004: 211 millones de euros, tal como refleja el cuadro adjunto de cifras con el que completa el periódico bilbaíno su mencionado estudio.

Por ello la redacción del artículo 54 [ver] de la citada “Propuesta” que recogía la gestión en exclusiva de la Seguridad Social no dejaba de ser sino un órdago- el mus es juego muy avecindado por tierras vascas- en una jugada donde se sabía no sólo que las mejores cartas estaban en manos del contrincante sino que éste iba a aceptar el envite: triste puesta en escena de cara a la galería y para consumo de incondicionales descuidados. Como lo fueron, por una parte, su famosa “Consulta”, un eufemismo con que Ejecutivo y Parlamento Vascos trataban de enmascarar lo que era un referéndum, y que terminó tumbada por el Constitucional el pasado mes de septiembre, el concluir que “el legislador vasco no es competente para promover un referéndum de esas características” , lo que únicamente compete al Estado, según el artículo 149.1.32 de la Constitución; y, por otra, el anuncio por parte de Ibarretxe de presentarse como candidato a Lehendakari en la sesión de investidura del Parlamento de Vitoria el pasado día 5 de mayo, cuando había la clara intención por su parte de renunciar tras la votación que había terminado por rechazarlo. Y es que en el juego del mus, cuando no te entran cartas o no andas acertado en los envites, lo mejor es levantarse de la mesa.

EL DÉFICIT DE LA SEGURIDAD SOCIAL EN EL PAIS VASCO

DESCENDER A LOS INFIERNOS

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Dante, en el Infierno

Dante, en el Infierno

Rescato para esta crisis una carta de ya hace tiempo, un relato de lo inalienable de la miseria en medio de la insensibilidad social; el retrato de los perdedores de siempre, del mundo hasta mañana; o mejor dicho, hasta hoy; el de un Madrid que se queda ciego con la lucífera claridad de un tórrido y estrujante sol de agosto. El mercurio, escalador infernal en el estío de la villa y corte, parece salirse de su vítrea cánula, anunciando en la cresta el propósito emergente de un irreversible cambio climático. 

A través del velo contaminante, hiere el sol hasta las conciencias, y acogota el fuelle pulmonar a punto de colapsar la respiración.

Ajenos a todo, los urbanitas de la capital (quizá debiera decir todos nosotros), presos de una rapidez desaforada, temerosos de perder lo que más abunda, marchan enloquecidos en su esclavitud, pensando que van a algún sitio cuando en realidad van todos a ninguna parte; se mueven sin objeto llegando así mucho antes a la barca de Caronte. 

¡ Cuán lejos quedaban ya, cuán pasados eran, aquellos fastos por el entronque de la periodista con la realeza, de la unción de la progresía española al óleo de lo azul, del aliño con su atrezzo

En ese Madrid de contrastes, ese Madrid del faraónico, megalómano, y pitagorínico alcalde de cadeneta  y futuro candidato del grupo PRISA a lo que sea, RG, se podía ver por televisión una corrala, en uno de los barrios suburbiales de la capital. 

Entran las cámaras primero en una casa de menos de veinte metros cuadrados donde viven tantos como ávidos compradores puedes encontrar en los ascensores de El Corte Inglés un primer día de rebajas. La decoración allí es la mugre y el tono se emparenta con la miseria. El cubículo que hace las veces de baño, donde apenas podrías girarte, sirve a su vez de trastero y despensa, y es un amasijo de objetos diversos en orden de caída que han de librarse para el “aseo”.

Un catre de ochenta centímetros es el sitio destinado para que puedan dormir varios niños de edades diversas.

Después, la crueldad de la cámara se recrea en el pozo séptico comunitario que empezó a rebosar ni Dios sabe cuando, yendo sus aguas a formar parte de la infraestructura del patio. Por eso, el personal, que no puede dejar de defecar porque parece que sigue comiendo cada día, ha decidido horadar las paredes de la casa a la altura del suelo, instalando bocas que a modo de aliviadero actúan de lanzadera cuando le das a la bomba tras hacer tus necesidades, dando así salida a heces más o menos en disolución, subproductos del lavado y otros residuos, que van directamente en parábola y sin previo aviso al patio comunal, lo que ocasiona a veces rociadas de descuido. Estos desagües aéreos dan sostén de este modo a una pátina estable de inmundicia en el suelo comunitario. 

La despiadada cámara pinta ahora esos patios en cañón, ávidos de luz, paredes descarnadas con escorrentías de agua que unas tuberías carcomidas son incapaces de soportar, y donde la gente se desparrama al exterior por angostos balconajes que se apuntalan como al vacío, tratando de tomar algo de aire respirable en medio de tanta inmundicia… 

No se transmiten olores en el reportaje. Pero intuyes su valor de impregnación; presupones el nivel de pestilencia general y hasta el punto de saturación; que es cuando el olor se “socializa”, se nivela y se caracteriza. Entonces, sólo entonces, te crea insomnio porque el diseño en el hombre, en este caso, no concuerda con el de las bestias. 

La vida mancha; pero la mala vida, la vida de arrastre y abyección deja huellas a desgaire y deslustre en la piel; deja un tono macilento y esa mirada húmeda y perdida de vejez prematura. 

Se ven luego, con cierto escalofrío, imágenes de la prole jugando entre el lodazal escatológico, y cómo sus progenitores, a modo de último aliento en su condición, tratan de impedir de forma hosca que las cámaras puedan captar tanta degradación, conminándolas a que abandonen el lugar; pues que al fin lo misérrimo, aún conllevado, si no trasciende, ya no lo es tanto. 

Piensas, viendo esto, cómo en pleno envilecimiento de la condición humana puede ya haber resorte alguno que te impulse al apareamiento, al coito, a sentir algo de placer y poder engendrar. Si consideramos al hombre como producto sin más de un concienzudo diseño, debemos convenir (y los resultados aparecen a la vista) que el frenesí en la búsqueda del óvulo, enmascarado en la nebulosa de toda la relación sexual, es un vector de mucha más fuerza que el de conservación de la propia vida. Parece como si en tales circunstancias (no quiero decir que sea cierto) más bien se estimulase la libido para que aún en las peores condiciones se salvaguardasen, se transmitiesen  los genes. 

¿Razones del hombre para seguir viviendo? Sinrazones más bien a las que el “diseño” obliga; espejismos de libertad de un proyecto que nos impide ser felices. 

¿Crisis? ¿De qué crisis me habláis, de cuál de ellas, de qué vida y de qué futuro?

 

“Fácil es del Averno la bajada;

De día y noche a la región oscura

Patente está la pavorosa entrada;

Mas volver y elevarse al aura pura,

Esa es la parte trabajosa, osada:

Muy pocos a quien Jove con ternura

Vio, o que ardiente virtud, al Cielo eleva,

Vencieron, raza de héroes, la ardua prueba.”

(VIRGILIO, “La Eneida”.)

 

EL DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA NACIÓN

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MANOLO MORAN

En la esperpéntica y surrealista obra maestra de Berlanga, “Bienvenido Mr. Marshall”, el alcalde de Villar del Río, un hombre bonachón y un poco duro de oído, al recibir la noticia del paso por la localidad de las autoridades americanas que facilitan ayuda económica al país, decide, junto con el representante de una famosa folklórica que se encuentra por esas fechas en el pueblo, disfrazar a toda la población al más puro estilo andaluz, para sorprender a sus visitantes y de esta forma recibir mayor cantidad de dinero…

Cualquiera puede recordar aquella secuencia irrepetible, memorable diría yo, en la que desde el balcón del ayuntamiento su sordo y elemental alcalde se dirige a sus conciudadanos en los siguientes términos:

 

“Vecinos de Villar del Río, yo, como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación y esa explicación que os debo, os la voy a pagar…que como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación y esa explicación os la voy a pagar…que como alcalde vuestro que soy…”

 

Cuando el retórico círculo vicioso parece cerrarse en la candidez del popular regidor, toma la palabra el representante de la folklórica, Manolo Morán, labiante y embaucador si los hay, tratando de convencer a los parroquianos.

El discurso de este personaje es el epítome de manual político para iniciados: La explicación es innecesaria porque vosotros sois inteligentes y despiertos y, sobre todo, y esa es la razón fundamental, sois nobles y bravos. Los americanos van a venir y el Señor Delegado ha ofrecido un premio al que los reciba mejor, pero no solamente mejor, sino más al gusto de los americanos. Y yo, que he estado en América, y conozco aquellas mentalidades nobles, pero infantiles, os digo que España se conoce en América a través de Andalucía. Pero, entendedme bien, no es que no amen como se merecen a estos pueblos castellanos de ejemplar raigambre, es que la fama de nuestras corridas de toros, de nuestros toreros, de nuestras gitanas y, sobre todo, del cante flamenco, ha borrado la fama de todo lo demás y buscan en nosotros el folklore. Pues nosotros nos llevaremos el premio al mejor recibimiento, porque los demás pueblos sólo han puesto colgaduras, arcos de triunfo y fuentes luminosas (con chorrito). Cursiladas y mamarrachadas”.

 

Tal como ya hace tiempo pude leer en la página de un internauta, yo tampoco he vuelto a oír nada nuevo en el tema político desde los discursos de Pepe Isbert y Manolo Morán.[más]