EMIGRACIÓN, EMPRESA Y PRIVILEGIO
Por Juan Olabarría Agra
El reciente libro de Alfonso de Otazu y José Ramón Díaz de Durana sobre el “espíritu emprendedor de los vascos” abarca más de 300 años de historia (1450-1800) y trasciende con mucho el espacio vasco hasta extenderse por todo el imperio español en América. Los autores han utilizado como material de investigación un amplísimo conjunto de familias vascas emprendedoras que han dejado rastros documentales de su existencia. Desde mediados del s. XV el País Vasco sufre un incremento demográfico que no puede ser satisfecho con los recursos locales; además la institución del mayorazgo deja sin patrimonio a casi toda la descendencia de las clases acomodadas. El éxodo se impone tanto para los pobres como para los desheredados de clase media. Pero la emigración vasca va a realizarse en condiciones sumamente favorables: los vasos en el exterior son reconocidos como hidalgos, lo que les abre muchas puertas aristocráticas sin que se les cierre nunca el mundo del trabajo y de los negocios (privilegios de noble junto a trabajo y beneficio de plebeyo); los vascos se asocian en cofradías religiosas franciscanas que son en realidad verdaderos lobbys de intereses; buscan también el apoyo de los poderosos de Castilla (Ayala, Mendoza) y sobre todo el de los reyes, de cuya empresa imperial se lucran ampliamente.
¿Cuáles son sus actividades? Oficios mecánicos como herrero, carpintero de ribera o minero; servidores de los nobles, escribanos (que desplazan a sus maestros judío-conversos) y funcionarios de la burocracia imperial; pero, sobre todo, negociantes introducidos en el monopolio comercial español en América, cuyo circuito mercantil dominan: a menudo los hombres de una misma familia compran en el norte de Europa, embarcan la mercancía en Sevilla y se encargan de su venta a los criollos americanos. En Méjico, Venezuela o Perú. Como además tienen contactos útiles con la burocracia judicial en las dos orillas atlánticas, bien puede decirse que los vascos de la época forman un monopolio dentro de otro. Constituyen una cerrada elite vasca dentro del monoplio español, cuyos beneficios abusivos intentan derivar tanto como pueden hacia su propio grupo. Los vemos en Flandes, en Sevilla, en Méjico, en el cerro de plata de Potosí, en la Compañía de Caracas, lugares donde acaban suscitando una creciente hostilidad tanto de españoles de la metrópoli como de criollos americanos (por ejemplo los Bolívar). Un libro muy interesante por sus conclusiones, aunque su lectura nos conduzca a veces por los largos recovecos que suelen estar reservados al investigador.
Alfonso de Otazu y José Ramón Díaz de Durana, El Espíritu Emprendedor de los Vascos, Madrid, Sílex, 2008, 715 pp.

