
Encontré hace días una carta que os había enviado el pasado año por correo electrónico, y que no estaba incluida en el blog; por cierto, como otras bastantes que irán saliendo con total seguridad a medida que vayamos desenmarañando el boscaje de mi Outlook.
Voy a cambiar el encabezado de entonces, y la titularé “NUESTRA MEDIOCRIDAD”, porque nuestro es el producto de los personajes públicos aquí reseñados como representación del cuerpo nacional español. Las “cualidades” a cuya glosa se han hecho merecedores no son otra cosa que el reflejo de las nuestras.
En una primera cita nos dábamos de bruces con Mariano Rajoy, que, tal como decíamos en tiempo indicativo de aquella nota del blog, “ZAPATERO SE EMPACHA, RAJOY NO LLEGA”, en efecto no llegó. Y aunque desde entonces sigue queriendo hacerlo- o al menos lo aparenta- tampoco llega; a lo mejor porque precisamente eso de “saber leer y escribir y ser algo leído”, como él acostumbra a decir con su frecuente falsa modestia, no se compadece mucho con los requisitos exigidos para ocupar el lugar que él parece ansiar y que no es otro que el sillón principal de la Moncloa.
De él dijeron no hace mucho sus exégetas, esos que además se encargan motu proprio de determinar los currículos requeridos para según qué cosa; esos que ayer, alabando sus notas ya de bachillerato, lo encumbraban, y hoy lo arrojan por la ventana, era de historial académico inmejorable para haber hecho todo lo que se le ofreciera. Pues bien; habiendo sacado brillantemente, según cuentan, las oposiciones a registrador de la propiedad, se metió en política sin haber ocupado su despacho de funcionario de carrera con destino en Santa Pola. Quedan lejos ya los años en que llegó a Vicepresidente de la Junta de Galicia, sin llegar a ser registrador, con los mismos méritos con que accedió más tarde a la vicepresidencia del “Gobierno de España”, donde le tocó lidiar entre otras cosas con la crisis del Prestige, y en la que pudimos verlo meterse él solito en todos los charcos que encontró a su paso, mientras Aznar se colocaba las botas de agua. Vinieron luego tiempos en los que, nombrado ya a dedo presidente del PP y candidato por este partido a la Presidencia del Gobierno, con el mismo fundamento que para sus anteriores cargos políticos, pudimos descubrir por sus propias declaraciones que leía el “Marca” y practicaba el ciclismo. La afición a tal lectura le debió servir al menos, ya en la oposición, para leer grandes discursos en las Cortes, como aquel que dedicó a Ibarretxe cuando el Presidente vasco acudió a la Cámara Baja a defender su “Plan”. Y esa práctica deportiva sobre las dos ruedas, para hacernos descubrir su faceta como gregario que, desde los tiempos de Fernández Albor en Galicia, ni domina el sprint, ni es potente en la escalada, ni se defiende contra el crono.
Con sus palabras tras la derrota de Marzo, “esto es lo que hay”, les dio la primera bofetada a sus votantes a quienes considera imbéciles; y en ese continuar pedaleando tras llegar a la meta sin haber ganado, la segunda torta en la otra mejilla, por un individuo que sin haber hecho apenas esfuerzos en la carrera, se permite dar aún la vuelta de honor de los vencedores sin que nadie se lo pida.
Mientras marzo marceaba, y la derrota de los “populares” terminaba por venir con falsos laureles de triunfo ante sus incondicionales, va el político gallego y se presenta a un congreso en el que compite contra sí mismo, porque estaba, según él, y como nunca, capacitado para liderar al PP, dando así por buena aquella frase de que “sólo una persona mediocre está siempre en su mejor momento.”
Hallábamos después al Jefe del “Gobierno de España”, con los necesarios conocimientos de economía que impartidos en dos tardes por Jordi Sevilla son lo que necesita un primer ministro hoy en día para liderar un equipo económico al frente del Ejecutivo de un país occidental. Nada hay tan osado como la ignorancia; la ignorancia “como noche de la mente”, que decía Confucio; nada tan espantoso como la ignorancia activa, que escribió Goethe. En entrevista publicada en su día por el “Financial Times” desgrana Rodríguez Zapatero la auténtica teoría sobre la energía nuclear española:
“España no tiene capacidad de agua suficiente para refrigerar reactores”.
Efectivamente, y por una vez al menos, tiene razón el líder de la actual oposición, aunque en razonamiento inverso: se puede llegar a Presidente del Gobierno de España, e incluso mantenerse en el cargo, teniendo idea de nada; sólo con ser español y mayor de edad, es suficiente.
Éste ni siquiera se reconoce como leido; de lo contrario conocería el proverbio oriental que te aconseja guardar silencio cuando tus palabras no lo puedan mejorar.
La tercera cita nos lleva al hoy Presidente del Comité de Expertos para la Renovación de la UE, Felipe González, otrora responsable del parón nuclear en España y de la repercusión de su moratoria en el recibo de la luz, reflexiona ahora sobre la energía, y nos da lecciones sobre algo que ya habíamos oído antes: ese vicio español de pretender originalidad repitiendo las palabras de otro.
Así manifiesta sin empacho no querer “ser antinuclear y comprar nuclear a Francia”, como se hace en la actualidad, porque “eso no es ser antinuclear”; para más adelante añadir que hay “poca reflexión en serio” sobre la energía nuclear, mostrando en el caso de Europa sus dudas de poder alcanzar el objetivo de que el 20% de la energía sea renovable, aunque “quizás con la consideración de la energía nuclear”, sí sea posible su cumplimiento. En todo caso, insistió en que las políticas tendrían que “ir claramente encaminadas a favorecer ese mix”, en el que el 80% de la energía sea de origen no renovable y el resto de fuentes renovables.
Éste, como diría Oscar Wilde sabe el precio de todo y el valor de nada.
Y ya de regalo, me vais a permitir, no quiero pasar por alto a la que fue incomparable portavoz del Gobierno Vasco, Miren Azcárate, y su frase magistral después de las penúltimas inundaciones de Getxo: “Cuando el agua llega,…llega.”
Desde entonces hasta hoy han ocurrido en España más desastres que los que el propio cuerpo ciudadano podría digerir en situaciones normales. Y digo en situaciones normales porque la actual no es una situación normal: pónganme ustedes el adjetivo a una España- yo digo agonizante -que contempla, entre otras cosas, cómo un buque atunero que faenaba frente a las costas somalíes con 36 tripulantes a bordo lleva más de cuarenta días secuestrado por unos facinerosos, quienes según todos los indicios han podido ya haber cobrado una parte del rescate que se viene cifrando en unos cuatro millones de dólares. Contempla también cómo la otra parte del rescate consiste en devolver a su país de origen a dos de los piratas que, habiendo sido capturados en su momento por un tercio de presa de la fragata española “Canarias”- el buque de la Armada que venía siguiendo las evoluciones del pesquero apresado sin órdenes de intervenir militarmente-fueron conducidos a España por orden de la Audiencia Nacional; aunque fue el propio Gobierno el que inició el trámite para traerlos, después de haber denunciado los hechos ante el Juzgado Central de ese tribunal de excepción el pasado 4 de octubre, judicializando así la situación y facilitando el traslado a nuestro país de los dos corsarios detenidos. Contempló también- España, su cuerpo electoral, sus ciudadanos o súbditos o lo que sea- el encarcelamiento inmediato de uno de los piratas- mayor de edad-, y cómo el otro, de nombre Abdu Willy, siguió un proceso que podríamos denominar de “lanzamiento del pirata”- yo te lo lanzo a ti y tú me lo lanzas a mí- entre el Juez Pedraz, de la Audiencia Nacional, y el Tribunal de menores, por mor de la mayoría o minoría de edad del citado individuo, entre ortopantomografías maxilares y radiologías de osificación de determinadas zonas del esqueleto. Contempla asimismo- el común de los españoles o de los paisanos, que paisano es el habitante de un país, que es como ahora se dice: “este país”- las declaraciones del abogado defensor de los dos detenidos, quien negándose a aclarar de dónde le viene el encargo y quién le va a pagar la minuta, propone “pactar con la fiscalía un juicio de conformidad en el que los procesados se declararían culpables, a cambio de una pena de menos de seis años. Se aplicaría la ley de extranjería y se decretaría su expulsión en 72 horas a Somalia”.
El “Gobierno de España” aboga por un juicio rápido, y que sean ahora extraditados a su país, Somalia, los dos piratas apresados para cumplir allí la pena, que puede ser muy elevada debido a los cargos. Para que nos traguemos todo esto con patatas, puesto que estamos hablando de un estado fallido o de una zona sin estado, no me extrañaría nada que nos apresurásemos a formar allí Gobierno, a instaurar un poder Judicial con garantías y hasta a construir cárceles donde estos artistas cumplan sus penas. Todo eso y más, porque el protocolo de extradición lo tienen ya redactado los seiscientos y pico asesores de que dispone Moncloa.
Mediocridad…
“Por una extraña y trágica perversión del instinto encargado de las valoraciones, el pueblo español, desde hace siglos, detesta todo hombre ejemplar, o, cuando menos está ciego para sus cualidades excelentes. Cuando se deja conmover por alguien, se trata, casi invariablemente, de algún personaje ruin e inferior que se pone al servicio de los instintos multitudinarios”.
