BLOG DE VEIGA DO CANTO

A RUMBO DE COLISIÓN

Archive for the category “ESPAÑA EN CRISIS”

ESPAÑA, TRANSFÓRMATE ( “Parturient montes, nascetur ridiculus mus” )

prestidigitador El pasado mes de noviembre la fundación Everis, que preside el ex ministro de Defensa Eduardo Serra, ha presentado al Rey en La Zarzuela el documento “TransformaEspaña”, con el respaldo de cien personalidades , “entre líderes empresariales del país, expertos temáticos y emprendedores”. Según la fundación, este documento, que pone de relieve la gravedad de la actual crisis económica, sus causas y consecuencias, propone una serie de soluciones y actuaciones en todos los ámbitos del sistema que deben producirse en los próximos años para generar un verdadero cambio.

El documento completo consta de 138 páginas, aunque en los medios que posteriormente lo difundieron se recoge únicamente una versión resumida de 18, quizá en un afán de no avivar demasiado ese “exceso” de los españoles con la lectura, y logrando en todo caso no colmar la paciencia de quien decide echárselo al coleto.

Uno de los pocos que confiesa haberlo leído al completo es el escritor y periodista José García Domínguez, con un comentario muy crítico en las páginas de “Libertad Digital”.

¿Y qué dice el documento en cuestión?. Nada nuevo. Copia de lo ya publicado por otros; eso sí, con una gran dosis de pretenciosidad. ¿Y cómo está escrito?. García Domínguez da un adelanto en su columna: retahíla de lugares comunes propia de los masters por correspondencia que anuncian en los andenes del Metro.

A mí esta forma de escribir, entre la promiscuidad intelectual, el vacío de contenidos y la ignorancia sintáctica me trae remembranzas: Las de esos cursos de formación a los que la empresa te enviaba una y otra vez, y que se impartían en salones rimbombantes por unos personajes que nada más llegar te entregaban unas cartulinas para que las colocases con tu nombre sobre la mesa, que así podían dirigirse a ti con total familiaridad y tratándote de tú. Repartían entonces unas carpetas con el material supuestamente didáctico, de contenido infumable e incomprensible, para ya rematar la faena con un training del que entre las consabidas preguntas como “¿alguna duda?” o expresiones tan vomitivas como “No sé si me explico” o “no sé si me seguís”, salías sin haberte enterado de nada.

O te recuerda simplemente algo de lo leído hace menos de un mes en un diario digital, donde un sesudo columnista arrancaba de la siguiente forma:

Cada día se habla más de democracia y, sobre todo, cada día los políticos hablan más de democracia. Merece la pena pensar algo alrededor de esta curiosa realidad porque, si la democracia fuera un dato cierto, no se hablaría tanto de ella, pero el hecho de que se hable tanto de ella se debe, precisamente, a que la democracia no es dato cierto. Más bien, en muchos casos y, por supuesto, en el nuestro, la democracia no es un dato cierto, y su grado de incertidumbre ha crecido considerablemente en los últimos años.[…]

Como digo, este documento “TransformaEspaña” quiere darnos, entre eufemismos y prosa ininteligible, una serie de lecciones sobre lo que, o bien ya habíamos leído antes, o simplemente nos lo dictaba el sentido común aplicado a la observación:

· Que la situación de deterioro vine de atrás.

· La llegada de la crisis golpea a una España necesitada de reformas urgentes, variadas y estructurales.

· España no ha conseguido alcanzar el desarrollo adecuado de la Economía del Conocimiento como para competir en bienes y servicios sofisticados con los líderes pero, al mismo tiempo, no puede seguir compitiendo en costes con los nuevos entrantes como proveedor de bienes y servicios de menos valor.

· La vertebración del aparato público en múltiples ámbitos de actuación (geografías, competencias, intermediarios, etc.) y su concepción heredada, en muchos aspectos, de un pasado ya caduco, obligan a una revisión profunda del papel, alcance, organización, modelo de prestación y ámbito de proximidad de las Administraciones Públicas.

O bien nos sumerge en su “rica” prosa para explicarnos absolutamente nada:

· Además de esta perspectiva copernicana, la nueva definición de competitividad es el resultado combinado de una agregación tan rica como compleja de aspectos tangibles e intangibles, directos e indirectos, enfocados tanto a la creación de valor (el numeradorde la ecuación) como a la mejora de la eficiencia (el denominador).

Esta definición de competitividad global debe repensar las brechas entre microempresa, PYME y gran empresa, promoviendo un efecto escalera fluido y constante hacia unidades empresariales que generen mayores economías de escala, empleo y/o ventajas competitivas.

Con grandes dosis, eso sí, de todo aquello que hoy se lleva y que tanto le “pone” a nuestra clase dirigente; todo lo “eco-verde-sostenible”. Así por ejemplo, hemos podido entresacar lo que de “sostenible” tiene el documento, que es bastante:

[…]los vectores de crecimiento y competitividad sostenible desde una perspectiva social, empresarial y financiera[…]; pág. 14.

[…] cuando modelo-país y entorno divergen, o cuando no se polarizan adecuadamente los vectores de crecimiento sostenible[…]; pág. 14

[…] Definición de un modelo de Estado del Bienestar responsable (equilibrado y sostenible) […]; pág. 15.

[…] Sofisticación sostenible de la demanda […]; pág. 15.

[…] se movilizan adecuadamente los vectores de crecimiento y competitividad sostenible […]; pág. 37.

[…] Cuando modelo-país y entorno divergen, o cuando no se polarizan decuadamente los vectores de crecimiento sostenible, los países se estancan o pierden valor.[…]; pág. 37

[…] El objetivo es la maximización sostenible en el país del valor de cada unidad de capital humano y conocimiento.[…]; pág. 52.

[…] El objetivo es la maximización sostenible del valor de cada bien y servicio del país.[…]; pág. 52.

[…] El objetivo es la maximización sostenible del valor de la marca del país.[…]; pág. 52.

[…] el nuevo paradigma de crecimiento sostenible pone el foco en un triple objetivo que es económico, al tiempo que social y medioambiental, y que gira en torno al equilibrio entre estas tres perspectivas (concepto de triple bottom line).[…]; pág. 65.

[…] Si la división es inferior a uno, el modelo-país no es sostenible.[…]; pág. 65.

[…] Definición de un modelo de Estado del Bienestar responsable (equilibrado y

sostenible)[…]; pág. 81.

[…] Sofisticación sostenible de la demanda[…]; pág. 81.

[…] Definición de un modelo de Estado del Bienestar responsable (equilibrado y sostenible)[…]; pág. 105.

[…] Sofisticación sostenible de la demanda[…]; pág. 105.

[…] atracción sostenible de inversiones y proyectos de potencias emergentes[…]; pág. 120.

[…] permitir un desarrollo sostenible y garantizar la integridad de su Sistema Financiero[…]; pág. 123.

[…] Nuevo liderazgo sostenible en algunos sectores[…]; pág. 129.

[…] Definición de un modelo de Estado del Bienestar responsable (equilibrado y sostenible)[…]; pág. 131.

[…] Sofisticación sostenible de la demanda[…]; pág. 131.

[…] Sofisticación sostenible de la demanda[…]; pág. 133.

Y ya en pleno círculo de pleonasmo cursi:

[…] planificar, operar y medir en España la “sostenibilidad sostenible”[…]; pág. 65.

[…] para que entiendan que, sin sostenibilidad sostenible, el futuro del país (de cualquier país) es la quiebra económica, social y/o medioambiental.[…]; pág. 65.

[…] para conformar el modelo de sostenibilidad sostenible de un país.[…]; pág. 65.

Sobra grandilocuencia y falta el diagnóstico certero, que por otra parte, como digo, ya dieron otros. Rescato para el lector dos de ellos: el libro de Gabriel Tortella y Clara Eugenia Núñez, “Para comprender la crisis” y el que recoge Gabriel Albiac en su columna del diario ABC del pasado 24 de noviembre, “ESPAÑA NO ES IRLANDA…¡YA QUISIERA!”

[…]lo de aquí es infinitamente más difícil de arreglar. Porque, bien que mal, Irlanda tiene un Estado. Uno. España, diecisiete. Con la demencial multiplicación de gasto público que eso arrastra. Cada uno de esos mini-estados que son las Autonomías posee su banco nacional, que administran los partidos políticos a su antojo: las Cajas de Ahorros. El resultado es un lastre de endeudamiento demencial. Que va incomparablemente más lejos del normal desastre que es, a escala mundial, la crisis.

No, en España salir de la crisis no es un problema económico. Lo es político. Exige cambiar de Constitución. Borrar la pesadilla autonómica. Tener un Estado. Normal. Un Estado que no exija triplicar los gastos funcionariales y atender a clientelas locales cuyos votos se compran a altísimo precio. Un Estado como el de todo el mundo; al menos, como el de todo el mundo que se dice civilizado. ¿Alguien cree de verdad que eso tan elemental, tan sencillo va a ser autorizado por la casta?

Tal vez cabría recordar aquí, por fin, lo obvio. Y es que España es un país pobre. Los españoles somos pobres. Siempre lo hemos sido. Y hemos de acostumbrarnos a vivir como pobres. Nosotros nunca vamos a vivir como los alemanes o los suecos, ni siquiera como los franceses. Y decirle a la gente lo contrario fue un grave error. Y me permito recordar ahora el lema del regeneracionista Joaquín Costa tras los desastres de 1898:

“Escuela y despensa”. Por lo demás, no hace falta cerrar el sepulcro del Cid con siete llaves. Ya no hay aventuras militares. Quizá una mayor laboriosidad nos ayudaría en esta difícil singladura:

Escuela, que es mala.

Despensa, que no tenemos.

Laboriosidad, que desconocemos.

Mas, sobrantes de diagnósticos, el enfermo necesita ahora el tratamiento. ¿Quién se lo ha de aplicar?

LOS DOS QUE SE IRÁN (ZAPATERO Y RAJOY) Y EL QUE VIENE (DURÁN I LLEIDA)

 

 

 

Tras el debate del pasado 27 de mayo en el Congreso sobre la convalidación del Real decreto Ley por el que se adoptan medidas extraordinarias para la reducción del déficit público que Zapatero había llevado a la Cámara Baja, y para aquellos votantes que, plenos aún de esperanza en los dos grandes partidos españoles, piensan ir a votar después de que encallen en las Cortes los Presupuestos Generales del Estado para el 2011- según vaticina Durán i Lleida- , será preciso decir que lo preocupante electoralmente hablando no es que el PSOE deba hacerse con un nuevo candidato a la Presidencia del Gobierno, sino que el principal partido de la oposición carece de él.

Sabíamos ya hace tiempo que Rajoy se considera “algo leído”, manifestación de falsa modestia hecha por alguien que se cree que los demás le deben suponer en la excelencia por su currículo de brillante opositor. Esa falsa modestia que contrapone siempre a la figura de Zapatero al que considera poco menos que un iletrado. Pero como él dice también “hace falta algo más que saber leer y escribir para ser Presidente del Gobierno”; y un político que confiesa leer como único periódico el diario “Marca” no hace sino ocultar sus intenciones y esconder acomplejadamente la verdad que sus electores sacan a la luz cada vez que le otorgan su confianza, y que es su pertenencia a una derecha que él pretende una y otra vez maquillar desde ese “centro reformista”, con una bofetada a esos votantes conservadores y liberales que lo eligen cada cuatro años.

“Algo más que saber leer y escribir”.

Y en la memoria de todos están sus explicaciones ante los medios durante la crisis del Prestige, crisis que él ayudó como Vicepresidente a gestionar de manera tan lamentable; y es que ni siquiera entonces acreditó haber sabido elegir bien a sus asesores que le hubieran debido enseñar dos cosas que él no conoce: una, que el petróleo es menos denso que el agua y por tanto no puede quedarse en el fondo del mar, y mucho menos congelado, y otra que la mar devuelve a la costa lo que no es suyo.

“Algo más que saber leer y escribir”.

Mediocre lector de discursos, pues ni siquiera sabemos si los escribe él mismo, pero sin “garra” parlamentaria para darles “vida” en el hemiciclo, el señor Rajoy no logra superar la reválida del Congreso de los Diputados. Sólo en el discurso del Plan Ibarretxe apuntó maneras, quizá porque creía en lo que estaba leyendo, y la cosa no le salió mal. La oratoria y el parlamentarismo no son lo suyo, no tiene capacidad para convencer ni verbal ni gestualmente, y por ello carece de liderazgo, tal vez por la misma razón por la que se rodeó de medianías que es lo que suelen hacer los dirigentes con perfil gris como el de este dirigente gallego.

“Algo más que saber leer y escribir”.

Mariano Rajoy, fiel a su estilo de lector monocorde, dio lectura a un texto aparentemente duro aunque insustancial, carente de brío parlamentario y leído sin convicción, cuyo título podría rezar así: “A ver si madura y se cae”.

Insustancial y carente de brío, por lo reiterativo:

[…]Vamos a votar en contra por estimarlo improvisado, insuficiente e injusto.[…], pág. 2 del documento.

[…]Señorías, he mencionado antes que este Decreto Ley además de improvisado es insuficiente. Esto tampoco necesita mucha argumentación.[…], pág. 3 del documento

[…]Ni hacer un Decreto Ley tan injusto como este. Esta es la verdad.[…], pág. 5 del documento.

[…]Hay una alternativa a este Real Decreto improvisado e injusto[…], pág. 5 del documento.

[…]En suma, Señorías, no podemos aprobar este Decreto Ley porque responde a la improvisación, porque las medidas son insuficientes -no crean crecimiento económico ni empleo- y sobre todo porque son profundamente injustas. Y además, sin necesidad, que es lo peor[…]. Pág. 5 del documento.

Señorías, no nos oponemos a la reducción del déficit. Era una tarea que debía haberse hecho ya hace mucho tiempo. Hay una alternativa a este Real Decreto improvisado e injusto que hace daño a mucha gente que no tiene por que pagar los errores del Gobierno. Ustedes no han querido. Pág. 5 del documento.

En resumen, el Real Decreto Ley es improvisado, es injusto, es insuficiente. Pag. 6 del documento

“Algo más que saber leer y escribir”.

Con falta de convicción, cuando ya ni siquiera completas los textos:

[…]Señorías, ni siquiera han intentado hacer todo lo que fuera posible para evitar el recorte de los gastos sociales. El otro día ofrecí algunas ideas, pero no insistiré hoy[…].Pág. 5 del documento

[…]Señorías, ¿de verdad no había 1500 millones de euros en el presupuesto de dónde recortar antes que recortarle a los pensionistas? ¿De verdad que no lo había? Los hay[…]. Pág. 4 del documento.

“Algo más que saber leer y escribir”.

Y entonces surgió el representante de CIU, Durán i Lleida, para sorpresa de algunos y satisfacción de casi todos, y se convirtió, sin duda, en el protagonista del debate del Real Decreto-Ley 8/2010, de 20 de mayo, que supone la adopción de medidas extraordinarias para rebajar el déficit. Quizá en la mejor intervención en las Cortes que se le recuerda, articuló un discurso demoledor – algunos apuntan a que fue el discurso que debió hacer Rajoy, olvidando que para ello hubiera hecho falta algo más que “saber leer y escribir”- contra el inquilino de la Moncloa, a quien le apuntó los gravísimos errores que lleva cometidos en una etapa de alegre dispendio e irresponsabilidad a lo largo de estos años, para marcarle después los tiempos y las tareas a cumplir antes de su definitivo declive: reformas estructurales necesarias y urgentes que debe abordar de inmediato; para más tarde, y cuando ya no pueda sacar adelante los Presupuestos, convocar elecciones e irse a casa porque su “etapa ha finiquitado”. Todo ello incardinado en la responsabilidad institucional de quien ha entendido el mensaje “tutelar” tanto de los socios principales de la Unión Europea y de las principales potencias mundiales, como del Fondo Monetario y de los Mercados, al evitar en este momento la caída de un ejecutivo periclitado. Ni siquiera dejó resquicio al solaz de la galería, cuando les espetó a los socialistas «¡No me aplaudan porque no estoy de acuerdo con ustedes!»

Durán en definitiva, aparte de que pudiera haberse metido en el bolsillo a la mayoría de los españoles con su discurso claramente institucional al erigirse en un claro referente de la derecha española en detrimento del PP, acaba de apuntalar además a CIU ante las próximas elecciones catalanas.

“Algo más que saber leer y escribir”.

ESPAÑA EN CRISIS

PARA COMPRENDER LA CRISIS I

Los historiadores económicos Gabriel Tortella y Clara Eugenia Núñez son los autores del ensayo recientemente publicado por la editorial GADIR, “PARA COMPRENDER LA CRISIS”.

En un estilo alejado de esa fatua retórica que tanto abunda hoy; con una exposición tan sencilla e inteligible para el gran público que permite que el libro se lea de un tirón, y la ausencia de excesivas citas que siempre delatan la vanidad de quien procesa las ideas de otros, el ensayo comienza repasando las grandes crisis económicas y políticas, y las que para sus autores resultaron ser sus consecuencias:

Así la gran crisis del siglo XIV, la de la peste negra, debida al “empobrecimiento del suelo y a la superpoblación”; la crisis no menos importante del XVII que coincide con el declive del Imperio Español, con la guerra civil de Inglaterra y la Guerra de los Treinta años; la crisis de finales del XVIII que condujo a la Revolución Francesa; la de 1848, en la que se “mezclan elementos maltusianos y elementos capitalistas”; y por fin La Gran Depresión, entre 1929 y 1939, en la que una brusca caída de la bolsa condujo a una “oleada de suspensiones y quiebras que pasó de las empresas bursátiles a los bancos”: Una “catástrofe económica sin precedentes que tuvo gravísimas consecuencias sociales y políticas[…]”

Los autores entran por fin en el análisis de la actual crisis iniciada en 2007 en los EEUU, cuando en el mercado de préstamos hipotecarios clientes insolventes dejaron de pagar sus plazos mensuales, en medio de lo que se dio en llamar “burbuja inmobiliaria”, que haciendo cundir el pánico, provocó que los bancos empezaran a desconfiar unos de otros, y las redes de crédito que habían sostenido la burbuja se fueran cerrando. Los empaquetamientos de estas hipotecas basura, o hipotecas subprime, por parte de grandes bancos fueron camuflados para su venta a otras entidades financieras que los compraban porque prometían intereses muy altos. “[…] Bancos muy serios compraron enormes cantidades de estos activos contaminados con las hipotecas basura. A estos activos se les llamó, después de estallar la burbuja, activos tóxicos, y fueron adquiridos no sólo por bancos serios de EEUU, sino por muchos bancos y fondos de inversión europeos y japoneses […]”

En España el problema no fue tanto del sistema bancario como de las “constructoras e inmobiliarias a las que se les prestó dinero con excesivo optimismo”. En diciembre de 2007 la crisis inmobiliaria se lleva por delante a la inmobiliaria “Colonial”, aunque el gran drama fue la suspensión y quiebra de la constructora “Martín-Fadesa”, que arrastró consigo a filiales y proveedores. Ramas como las del turismo y la industria del automóvil se vieron también seriamente afectadas. El derrumbe inmobiliario puso en manos de los bancos activos de difícil liquidez, viéndose obligado el Gobierno a prestarle apoyo a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria con 50.000 millones de euros para compra de activos a la banca y 100.000 millones en avales, lo que viene a suponer el apuntalamiento superpuesto del Estado sobre el sistema financiero y de este último sobre el inmobiliario.

Durante periodos de crisis como la actual, el paro tiende a subir, y en España lo hizo muy rápidamente porque seguimos sin realizar los ajustes salariales precisos en ese mercado laboral altamente protegido e intervenido: el de los trabajadores indefinidos y los funcionarios El paro vino a afectar por tanto a los trabajadores sujetos a contratos a tiempo fijo o con fecha de caducidad, modalidad en la que se hallan fundamentalmente los inmigrantes, quienes, a partir del “papeles para todos” del año 2005, son los protagonistas del aumento poblacional español, que pasó de 40 millones en el año 2000 a casi 45 millones en 2009, y a los que asimismo se les concedieron también créditos para la compra de viviendas a los que ya no pueden hacer frente.

El paro está afectando asimismo a lo que se ha dado en llamar “la generación mejor formada de nuestra historia”, un aserto que sugiere que o “bien no estamos tan bien formados, con un exceso de titulitis, o la economía española desaprovecha ese capital humano y genera empleo de bajo nivel […]”. O más bien que el propio aparato productivo español no podría absorber a tanta mano de obra tan altamente cualificada.

Tras reflexionar sobre las grandes crisis de la historia que en orden cronológico dieron lugar al Renacimiento, el parlamentarismo, la Revolución Francesa, y la Socialdemocracia, los autores se plantean dos preguntas cruciales. Una a escala global sobre el gran cambio político que nos pueda deparar esta gran crisis del siglo XXI. La otra, referida a nosotros como nación, sobre el fin o no de la España que hemos conocido. Para la primera de ellas no hay respuesta inmediata. Para la segunda, con un Estado Autonómico fragmentado política y económicamente en comunidades muchas veces enfrentadas entre sí, con el concepto mismo de nación puesto en almoneda, los autores apuntan una serie de reformas necesarias como lo son entre otras las “[…]medidas encaminadas a flexibilizar el mercado de trabajo, estimular las exportaciones, aminorar la excesiva dependencia de la financiación exterior del crecimiento de los últimos años e incluso a enderezar la debilidad e inadecuación de nuestro sistema educativo, que a la larga lastra nuestra competitividad […]”.

No es momento de tibiezas. De los grandes errores cometidos en la redacción del texto constitucional- su Título VIII- hemos llegado a la situación actual en la que “17 unidades con reglamentaciones propias y a menudo contradictorias” han hecho que el Estado pierda una gran parte de sus competencias mediante transferencias a las Comunidades Autónomas: Si la integración europea persigue “facilitar la movilidad de capitales, bienes y personas como vía de garantizar mayores cotas de bienestar y desarrollo económico, la fragmentación autonómica está procediendo a levantar barreras a la libre circulación de todos esos bienes, especialmente de las personas. Si uno de los límites a la integración europea es la fragmentación lingüística, España profundiza el problema al dificultar el aprendizaje y el uso de nuestra lengua común, que además utilizan varios cientos de millones de personas en todo el mundo […]”.

Aun estando de acuerdo con las reformas propuestas por los autores como coadyuvantes para salir de la actual crisis económica, no dejo de reconocer que cuando un edificio se agrieta no suele ser suficiente ni siquiera aconsejable acometer medidas paliativas para evitar su colapso. Por ello hago mía la solución que para España apuntaba hace días un famoso y controvertido intelectual en el transcurso de una entrevista en la radio: Demolición del Estado Autonómico.

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