ESPAÑA EN CRISIS

PARA COMPRENDER LA CRISIS I

Los historiadores económicos Gabriel Tortella y Clara Eugenia Núñez son los autores del ensayo recientemente publicado por la editorial GADIR, “PARA COMPRENDER LA CRISIS”.

En un estilo alejado de esa fatua retórica que tanto abunda hoy; con una exposición tan sencilla e inteligible para el gran público que permite que el libro se lea de un tirón, y la ausencia de excesivas citas que siempre delatan la vanidad de quien procesa las ideas de otros, el ensayo comienza repasando las grandes crisis económicas y políticas, y las que para sus autores resultaron ser sus consecuencias:

Así la gran crisis del siglo XIV, la de la peste negra, debida al “empobrecimiento del suelo y a la superpoblación”; la crisis no menos importante del XVII que coincide con el declive del Imperio Español, con la guerra civil de Inglaterra y la Guerra de los Treinta años; la crisis de finales del XVIII que condujo a la Revolución Francesa; la de 1848, en la que se “mezclan elementos maltusianos y elementos capitalistas”; y por fin La Gran Depresión, entre 1929 y 1939, en la que una brusca caída de la bolsa condujo a una “oleada de suspensiones y quiebras que pasó de las empresas bursátiles a los bancos”: Una “catástrofe económica sin precedentes que tuvo gravísimas consecuencias sociales y políticas[…]”

Los autores entran por fin en el análisis de la actual crisis iniciada en 2007 en los EEUU, cuando en el mercado de préstamos hipotecarios clientes insolventes dejaron de pagar sus plazos mensuales, en medio de lo que se dio en llamar “burbuja inmobiliaria”, que haciendo cundir el pánico, provocó que los bancos empezaran a desconfiar unos de otros, y las redes de crédito que habían sostenido la burbuja se fueran cerrando. Los empaquetamientos de estas hipotecas basura, o hipotecas subprime, por parte de grandes bancos fueron camuflados para su venta a otras entidades financieras que los compraban porque prometían intereses muy altos. “[…] Bancos muy serios compraron enormes cantidades de estos activos contaminados con las hipotecas basura. A estos activos se les llamó, después de estallar la burbuja, activos tóxicos, y fueron adquiridos no sólo por bancos serios de EEUU, sino por muchos bancos y fondos de inversión europeos y japoneses […]”

En España el problema no fue tanto del sistema bancario como de las “constructoras e inmobiliarias a las que se les prestó dinero con excesivo optimismo”. En diciembre de 2007 la crisis inmobiliaria se lleva por delante a la inmobiliaria “Colonial”, aunque el gran drama fue la suspensión y quiebra de la constructora “Martín-Fadesa”, que arrastró consigo a filiales y proveedores. Ramas como las del turismo y la industria del automóvil se vieron también seriamente afectadas. El derrumbe inmobiliario puso en manos de los bancos activos de difícil liquidez, viéndose obligado el Gobierno a prestarle apoyo a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria con 50.000 millones de euros para compra de activos a la banca y 100.000 millones en avales, lo que viene a suponer el apuntalamiento superpuesto del Estado sobre el sistema financiero y de este último sobre el inmobiliario.

Durante periodos de crisis como la actual, el paro tiende a subir, y en España lo hizo muy rápidamente porque seguimos sin realizar los ajustes salariales precisos en ese mercado laboral altamente protegido e intervenido: el de los trabajadores indefinidos y los funcionarios El paro vino a afectar por tanto a los trabajadores sujetos a contratos a tiempo fijo o con fecha de caducidad, modalidad en la que se hallan fundamentalmente los inmigrantes, quienes, a partir del “papeles para todos” del año 2005, son los protagonistas del aumento poblacional español, que pasó de 40 millones en el año 2000 a casi 45 millones en 2009, y a los que asimismo se les concedieron también créditos para la compra de viviendas a los que ya no pueden hacer frente.

El paro está afectando asimismo a lo que se ha dado en llamar “la generación mejor formada de nuestra historia”, un aserto que sugiere que o “bien no estamos tan bien formados, con un exceso de titulitis, o la economía española desaprovecha ese capital humano y genera empleo de bajo nivel […]”. O más bien que el propio aparato productivo español no podría absorber a tanta mano de obra tan altamente cualificada.

Tras reflexionar sobre las grandes crisis de la historia que en orden cronológico dieron lugar al Renacimiento, el parlamentarismo, la Revolución Francesa, y la Socialdemocracia, los autores se plantean dos preguntas cruciales. Una a escala global sobre el gran cambio político que nos pueda deparar esta gran crisis del siglo XXI. La otra, referida a nosotros como nación, sobre el fin o no de la España que hemos conocido. Para la primera de ellas no hay respuesta inmediata. Para la segunda, con un Estado Autonómico fragmentado política y económicamente en comunidades muchas veces enfrentadas entre sí, con el concepto mismo de nación puesto en almoneda, los autores apuntan una serie de reformas necesarias como lo son entre otras las “[…]medidas encaminadas a flexibilizar el mercado de trabajo, estimular las exportaciones, aminorar la excesiva dependencia de la financiación exterior del crecimiento de los últimos años e incluso a enderezar la debilidad e inadecuación de nuestro sistema educativo, que a la larga lastra nuestra competitividad […]”.

No es momento de tibiezas. De los grandes errores cometidos en la redacción del texto constitucional- su Título VIII- hemos llegado a la situación actual en la que “17 unidades con reglamentaciones propias y a menudo contradictorias” han hecho que el Estado pierda una gran parte de sus competencias mediante transferencias a las Comunidades Autónomas: Si la integración europea persigue “facilitar la movilidad de capitales, bienes y personas como vía de garantizar mayores cotas de bienestar y desarrollo económico, la fragmentación autonómica está procediendo a levantar barreras a la libre circulación de todos esos bienes, especialmente de las personas. Si uno de los límites a la integración europea es la fragmentación lingüística, España profundiza el problema al dificultar el aprendizaje y el uso de nuestra lengua común, que además utilizan varios cientos de millones de personas en todo el mundo […]”.

Aun estando de acuerdo con las reformas propuestas por los autores como coadyuvantes para salir de la actual crisis económica, no dejo de reconocer que cuando un edificio se agrieta no suele ser suficiente ni siquiera aconsejable acometer medidas paliativas para evitar su colapso. Por ello hago mía la solución que para España apuntaba hace días un famoso y controvertido intelectual en el transcurso de una entrevista en la radio: Demolición del Estado Autonómico.

Publicado en  on Febrero 16, 2010 at 7:28 pm Dejar un comentario

EL ESPÍRITU EMPRENDEDOR DE LOS VASCOS

EL ESPÍRITU EMPRENDEDOR DE LOS VASCOS copia

EMIGRACIÓN, EMPRESA Y PRIVILEGIO

Por Juan Olabarría Agra

 

El reciente libro de Alfonso de Otazu y José Ramón Díaz de Durana sobre el “espíritu emprendedor de los vascos” abarca  más de  300 años de historia (1450-1800)  y trasciende con mucho el espacio vasco hasta extenderse por todo el imperio español en América.  Los autores han utilizado como  material de  investigación un amplísimo conjunto de familias  vascas emprendedoras que han dejado rastros documentales de su existencia. Desde mediados del s. XV el País Vasco sufre un incremento demográfico que no puede ser satisfecho con los recursos locales; además la institución del mayorazgo deja sin patrimonio  a casi toda la descendencia de las clases acomodadas.  El éxodo  se impone tanto para los pobres como para los desheredados de clase media. Pero la emigración vasca va a realizarse en condiciones sumamente favorables: los vasos en el exterior son reconocidos como hidalgos, lo que les abre muchas puertas  aristocráticas sin que se les cierre nunca el mundo del trabajo y de los negocios (privilegios de noble junto a trabajo y beneficio de plebeyo);  los vascos se asocian en cofradías religiosas franciscanas que   son en realidad verdaderos lobbys de intereses; buscan también el apoyo de los poderosos de Castilla (Ayala, Mendoza) y  sobre todo el de los reyes, de cuya empresa imperial se lucran ampliamente.

¿Cuáles son sus actividades? Oficios mecánicos como  herrero, carpintero de ribera o minero; servidores de los nobles, escribanos (que desplazan a sus maestros judío-conversos) y funcionarios de la burocracia imperial; pero, sobre todo, negociantes introducidos en el monopolio comercial español en América, cuyo circuito mercantil dominan: a menudo los hombres de una misma familia compran en el norte de Europa, embarcan la mercancía en Sevilla y se encargan de su venta a los criollos americanos. En Méjico, Venezuela o Perú.  Como además tienen contactos útiles con la burocracia judicial en las dos orillas atlánticas, bien puede decirse que los vascos de la época forman un monopolio dentro de otro.  Constituyen una cerrada elite vasca dentro del monoplio español, cuyos beneficios abusivos intentan derivar tanto como pueden hacia su propio grupo.  Los vemos en Flandes, en Sevilla, en Méjico,  en  el cerro de plata de Potosí, en la Compañía de Caracas, lugares donde acaban suscitando una creciente hostilidad tanto de españoles  de la metrópoli como de criollos  americanos (por ejemplo los Bolívar). Un libro muy interesante por sus conclusiones, aunque su lectura nos conduzca a veces por los largos recovecos que suelen estar reservados al investigador.

Alfonso de Otazu y José Ramón Díaz de Durana, El Espíritu Emprendedor de los Vascos, Madrid, Sílex, 2008, 715 pp.

Publicado en  on Septiembre 18, 2009 at 11:22 am Dejar un comentario

EUROPA REGENERADA

BUCANEROS 

 

Por Juan Olabarría Agra

 

La recientemente publicada “historia de Europa desde 1945” de Tony Judt podría haber sido, dada la amplitud de materia, un somero manual ennumerativo que se limitase a inventariar fechas, nombres de políticos y lugares donde ocurrieron acontecimientos importantes. Sin embargo el libro reúne las virtudes necesarias para escapar a este mediocre destino: Judt tiene una gran sensibilidad para el detalle, la descripción de las modas o incluso la psicología de los principales actores históricos, pero nunca nos permite olvidar que los detalles son ilustraciones expresivas de algo mucho más general que está ocurriendo en el seno de la sociedad, son partes de un todo, pertenecen al “espíritu de la época”; su mérito principal consiste en que es capaz de tejer en el mismo telar muy diversos materiales (economía, política, cultura, relaciones internacionales) mostrándonos que, a pesar de su diversidad, forman parte de una misma trama.

Europa occidental se autodestruyó durante la primera mitad del siglo XX y fue reconstruída durante la segunda. La devastación material y moral de Europa en dos guerras mundiales había tenido su causa y origen en la mente de los propios europeos, dominada por el extremismo ideológico, y por el culto romántico a la violencia, bien fuera patriótica o bien revolucionaria. Desde 1945 Europa, una vez consumada su autodestrucción, pierde también su autonomía: en el Este, ocupado por el ejército rojo, se imponen dictaduras comunistas que llevan al estancamiento económico y a la frustración política. Cuando finalmente el sistema quiebre en los años 90 a causa de su propia decrepitud y de su carácter irreformable, sus víctimas descubrirán desesperadas la dificultad o incluso la imposibilidad de transitar hacia el capitalismo y la democracia a partir de un tejido social corrompido y de unas oligarquías mafiosas herederas del viejo poder totalitario; como dijo Adam Michnik: “lo peor del comunismo es lo que viene después”.

Por su parte los Estados de la Europa del Oeste, reducidos a la ruina económica y a la impotencia militar, situados bajo la égida americana, se verán obligados a rehacer su historia y a adquirir una fisionomía completamente nueva, aunque muchos de los grandes cambios no fueran en principio ni deseados ni buscados por los propios actores. Sólo después de fracasadas las intentonas imperialistas en Indochina, en las colonias holandesas, en Suez o en Argelia, se resigna a su modesto papel internacional; sólo la amenaza soviética y la supervisión americana disuaden a Francia y Alemania de reanudar las antiguas hostilidades nacionalistas. Así el gasto social viene a sustituir los costosos presupuestos militares. Europa llega, pues, a la sabiduría por medio de la impotencia. En el terreno de la política interior las transformaciones no son menos profundas: del enfrentamiento total entre los partidos y de las políticas extremas se pasa al pacto social, todo lo cual no hubiera sido posible sin la construcción del Estado de bienestar, que es el uno de los rasgos distintivos del capitalismo europeo. En el terreno de la ideología, de la cultura y de las mentalidades se produce paralelamente un notable enfriamiento de los viejos fervores maximalistas, aunque ello no ocurre sin la ocasional resistencia de los intelectuales, incluso con ocasionales recaídas en la antigua querencia romántica por las soluciones violentas (de ahí la resurrección del terrorismo, que Habermas calificó de “fascismo de izquierdas”).

Una de las cualidades de Judt como historiador es la de evitar tanto las “grandes teorías” de la historia como la autocomplacencia moral. No existe una causalidad histórica o un “destino manifiesto” que nos lleve de manera necesaria a una determinada meta; llegamos a ella como resultado de decisiones a menudo no previstas inicialmente y la historia de Europa es un buen ejemplo. Por otra parte, el autor toma una saludable e irónica distancia respecto al objeto de su estudio: nos recuerda que Europa ha construido una red de amnesia sistemática sobre sus propias culpas en el pasado (la violencia política criminal, el exterminio, el colaboracionismo con las dictaduras, el holocausto). Se diría que sólo hemos llegado a la convivencia pacífica instados por la fuerza de las cosas y después de dar muchos rodeos.

JUDT, Pony, Postguerra. Una historia de Europa desde 1945. Traducción de Jesús Cuellar y Victoria E. Gordo del Rey. Madrid, Taurus, 2006; 1.212 pp.

Publicado en  on Junio 18, 2009 at 6:18 am Dejar un comentario

LA PUTA DE BABILONIA

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LA DESMITIFICACIÓN DE LAS CREENCIAS

 

 

“LA PUTA, LA GRAN PUTA, la grandísima puta, la santurrona, la simoniaca, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueo a Constantinopla y bañó de sangre a Jerusalén; la que exterminó a los albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas; la estafadora de viudas, la cazadora de herencias, la vendedora de indulgencias; la que inventó a Cristoloco el rabioso y a Pedropiedra el estulto; la que promete el reino soso de los cielos y amenaza con el fuego eterno del infierno; la que amordaza la palabra y aherroja la libertad del alma; la que reprime a las demás religiones donde manda y exige libertad de culto donde no manda; la que nunca ha querido a los animales ni les ha tenido compasión; la oscurantista, la impostora, la embaucadora, la difamadora, la calumniadora, la reprimida, la represora, la mirona, la fisgona, la contumaz, la relapsa, la corrupta, la hipócrita, la parásita, la zángana; la antisemita, la esclavista, la homofóbica, la misógina; la carnívora, la carnicera, la limosnera, la tartufa, la mentirosa, la insidiosa, la traidora, la despojadora, la ladrona, la manipuladora, la depredadora, la opresora; la pérfida, la falaz, la rapaz, la felona; la aberrante, la inconsecuente, la incoherente, la absurda; la cretina, la estulta, la imbécil, la estúpida: la travestida, la mamarracha, la maricona; la autocrática, la despótica, la tiránica; la católica, la apostólica, la romana; la jesuítica, la dominica, la del Opus Dei; la concubina de Constantino, de Justiniano, de Carlomagno; la solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretrices, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes conmigo desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar[…]”

Así da inicio a su última obra, “La puta de Babilonia”, Fernando Vallejo. Con un estilo tan hiperbólico como vibrante, tan transgresor como erudito y tan ameno como académico, el escritor colombiano va desgranando a lo largo de su ensayo todos los grandes errores y horrores de la Iglesia Católica, los“crímenes por ella perpetrados en nombre de Cristo”, para tratar de resarcirse de la que tantos años fue raigambre forzosa a la fe por excelencia. La puta de Babilonia, como alegoría bíblica con la que los albigenses identificaban a la Iglesia de Roma a raíz de su enfrentamiento con el Papa Inocencio III que los mandó masacrar en 1209 junto a todos los habitantes de la ciudad de Béziers donde se refugiaban. De lectura imprescindible para los que habiendo vivido como Vallejo la inmersión en la creencia única sepan ahora anteponer la verdad y la razón a la fe religiosa.

Publicado en  on Febrero 24, 2009 at 1:56 pm Dejar un comentario
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CRÍTICA DE LAS IDEOLOGÍAS

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IDEALISTAS SIN ESCRÚPULOS

 

 

JUAN OLABARRíA AGRA

 

Todas las grandes ideologías invocan la moralidad de sus metas y la bondad de sus fines. Justicia social, fraternidad étnica, felicidad después de la muerte parecen designios nacidos de la buena fe y muchas veces lo son; pero la extrema violencia desplegada en la defensa de estos ideales choca con la moralidad intencional que proclaman sus profetas; por eso se dice que «el Infierno está empedrado de buenas ntenciones». Rafael del Águila analiza precisamente las paradojas de nuestros «idealistas asesinos »: su primer rasgo es el dogmatismo, la seguridad absoluta en la superioridad de sus fines; una vez onvencidos de ello cualquier medio que ayude a su consecución será válido. Por tanto el idealista fanático, seguro como está de que quiere lo mejor para los demás, no vacilará en emplear los medios más criminales para conseguirlo; así, un fin considerado moral justifica medios inmorales, siendo el terror el mejor aliado de la «virtud». Paradójicamente esta perversión del idealismo suele ir acompañada de una extrema moralización de la política: la opinión de contrincante ya no es simplemente diversa, siño «culpable», el mundo se divide entre el Bien y el Mal mientras la Providencia o la Historia prometenel triunfo de los buenos (hasta tal punto estamos todos contaminados de moralización que ya no se buscan causas de los hechos económicos o políticos, puesto que basta con encontrar culpables) Del Águila analiza perspicazmente las características de las principales «ideologías implacables» (comunismo, nacionalismo, integrismo islámico o cristiano) y sus enemigos: la realidad empírica que choca con la utopia y el individuo libre que no encaja en el proyecto uniformador. Creo, sin embargo, que el autor se contradice en su caracterización negativa delliberalismo, puesto que lo que él llama «pluralismo » (respeto a la pluralidad de los individuos ya sus derechos) no es sino el liberalismo con una denominación vergonzante.

 

 

Publicado en  on at 1:26 pm Comentarios (1)
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