EL FONDO DEL ASUNTO
Cuando Alfredo P.R. soltaba su discurso como candidato a la Secretaría General del PSOE en el 38º Congreso de Sevilla, en el que, emulando al Alfonso Guerra de los mejores tiempos, y a modo de espantajo, se dedicaba a aventar las consabidas soflamas contra curas y banqueros, ya el Consejo de Ministros del viernes último había aprobado el decreto de saneamiento del sector financiero para “clarificar- en palabras del Gobierno- el panorama y situar la valoración de activos[ inmobiliarios] en una posición más acorde con la del mercado”, decidiendo además llevar a cabo una drástica reducción en los sueldos de los directivos de las entidades financieras que hubieran recibido ayudas públicas.
Sabemos que los mítines del PSOE son para consumo interno y que hacer las delicias de los viejos nostálgicos forma parte del atrezzo. Podíamos incluso imaginar un cierto ejercicio de cinismo en quien fuera capaz de pronunciar aquella frase del 13-M, tras los atentados terroristas de Madrid: “los españoles merecen un Gobierno que no les mienta”. Pero no que quien se cree el más listo de la parroquia trajera de casa preparado un discurso que horas antes el ministro de economía de un gobierno de la derecha había dejado sin contenido. Cuando ante sus incondicionales atacaba a los bancos, a quienes identificó como “los nuevos caciques del siglo XXI”, ignoraba por lo visto que ya en ese momento había sido desbordado por la izquierda con las reformas anunciadas por Luis de Guindos.
En relación con esa merma en sus nóminas, es de destacar – tal como recoge la prensa del día 4 de febrero- “la indignación que recorrió ayer un buen número de despachos de las plantas nobles de diversos grupos de cajas de ahorros.”
“Esto no cabe en la cabeza de nadie, la responsabilidad de un directivo es bestial, dirigimos a miles de personas, y 300.000 euros no es precio a pagar por sacar esto adelante”.
¡Con un par!. ¡Y en ciertos casos, gentes que dejaron a las entidades que dirigían con profundos agujeros, a la vez que se llevaban indemnizaciones millonarias!
Estoy pensando en el presidente de una afamada entidad madrileña- antes caja, ahora banco, pobrecillo él, que venía cobrando 3,4 millones de euros, y al que se le adelgaza la nómina que le quedará en los 600.000, que viene a ser el tope de ahora. No me extraña que protesten, la verdad.
3,4 millones de euros al año vienen a ser más de 565 millones de pesetas; los que divididos por los 365 días que tiene el año arrojan una cifra de más de millón y medio de pesetas al día, lo cual no está nada mal.
A lo que se ve, y más allá de los mítines de turno, cuando la izquierda ocupa el Gobierno su trato con la banca resulta más que indulgente. Por eso tanto las valoraciones de los activos inmobiliarios en sus balances como las ya mencionadas cifras “salariales” de según qué altos cargos debieron respoder a esa indulgencia por parte del Gobierno Zapatero; la misma de la que gozó el alto cargo del banco de Botín, Alfredo Sainz, a quien el Ejecutivo tan de “progreso” indultó en noviembre pasado. No obstante, y si se me permite tirar de refranero español, quien da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro, Emilio Botín, con esa puesta en escena tan de rico y esa jocosidad tan suya, se apresuró el otro día a echarles la culpa de esto de la crisis a los políticos, a “los políticos… no voy a concretar.”
Como digo, contra la banca, y por supuesto contra la Iglesia Católica. Aunque ni en los trece años de González-los primeros ocho con mayorías absolutas-ni en los ocho de Zapatero tuvieron agallas para llevar a cabo la revisión del Concordato con la Santa Sede que ahora reclaman.
¿Por qué será?











